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sábado, 13 de agosto de 2011

Vera... al llegar

Ahora sabemos que ella será Vera, que ella ya es Vera. Que de a poco, tratando de manejar esta ansiedad aprendida, vamos conociendo a Vera. La hemos espiado en clara desventaja para ella que aún no nos ha podido ver, pero hablamos, todos los días hablamos.

Sabemos que a Vera le gusta mucho el agua, las comidas dulces, y sobre todo la música. También sabemos que ya conoce lo que es el amor.

Faltan solo 3 meses. Preferimos decirlo en meses, porque en días el número es más grande.
Ahora la vida es otra, ahora la vida es Vera, que por suerte ya conoce lo que es el amor.

Vera… te estamos esperando muy felices.




"Canción para los días de la vida" (Luis Alberto Spinetta - A 18' del Sol). 
Versión: María Gabriela Epumer (Perfume)





lunes, 20 de septiembre de 2010

Trasposición


















… Pienso en mi hijo pero está lejos, a miles de kilómetros, en un país donde todavía se duerme en la cama, y su imagen me parece irreal, se me adelgaza y pierde entre las hojas del árbol, y en cambio me hace tanto bien recordar un tema de Mozart que me ha acompañado desde siempre, el movimiento inicial del cuarteto La caza, la evocación del halalí en la mansa voz de los violines, esa trasposición de una ceremonia salvaje a un claro goce pensativo. Lo pienso, lo repito, lo canturreo en la memoria, y siento al mismo cómo la melodía y el dibujo de la copa del árbol contra el cielo se van acercando, traban amistad, se tantean una y otra vez hasta que el dibujo se ordena de pronto en la presencia visible de la melodía, un ritmo que sale de una rama baja, casi a la altura de mi cabeza, remonta hasta cierta altura y se abre como un abanico de tallos, mientras el segundo violín es esa rama más delgada que se yuxtapone para confundir sus hojas en un punto situado a la derecha, hacia el final de la frase, y dejarla terminar para que el ojo descienda por el tronco y pueda, si quiere, repetir la melodía. Y todo eso es también nuestra rebelión, es lo que estamos haciendo aunque Mozart y el árbol no puedan saberlo, también nosotros a nuestra manera hemos querido trasponer una torpe guerra a un orden que le dé sentido, la justifique y en último término la lleve a una victoria que sea como la restitución de la melodía después de tantos años de roncos cuernos de caza, que sea ese allegro final que se sucede al adagio como un encuentro con la luz. Lo que se divertiría Luis si supiera que en este momento lo estoy comparando con Mozart, viéndolo ordenar poco a poco esta insensatez, alzarla hasta su razón primordial que aniquila con su evidencia y su desmesura todas prudentes razones temporales. Pero qué amarga, qué desesperada tarea la de ser músico de hombres, por encima del barro y la metralla y el desaliento urdir ese canto que creíamos imposible, el canto que trabará amistad con la copa de los árboles, con la tierra de vuelta a sus hijos. Sí, es la fiebre. Y cómo se reiría Luis aunque también a él le guste Mozart, me consta*.
**

* Fragmento de Reunión, de Julio Cortzar en "Todos los Fuegos el fuego", página 55. La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos. Editorial Sol 90. 2001.
**Allegro vivace assai (Primer mov. de La caza del Cuarteto No. 17 in Bb Major, K. 458)- W. A. Mozart


lunes, 5 de julio de 2010

Atado a tu frontera


En la inconsolable noche tu voz,aullando me guía,
yo solo estoy atado a tu frontera...
algo se acumula en mí,
lo siento, ya no tengo remedio...
yo solo estoy atado a tu frontera...
¿Por qué tu corazón brilló sin parar
y luego se detuvo allí?
¿Por qué las estrellas giran,
brillan y luego explotan?
Tus ojos son lunas, dos lunas,
dos lunas que envuelven mi alma...
yo solo estoy atado a tu frontera...
Amor, ya no temo morir,
solo espero que Dios tenga tu gracia,
yo siempre estoy atado a tu frontera...
¿Y cómo derivó en hielo el amor?
¿Y cómo ya no quieres volar?
¿Cómo es qué prefieres quedarte dormida,
en un mundo muerto?
Y es que vas a saber por fin...
como evolucionó,
tu sociedad,
tu bien,
tu pompa...
Vas a mirar,
por fin,
como se capacitó,
tu corazón
creador de páramos...
Mi luz no existe, no existe, no existe...
porque estuvo corriendo,
siempre alrededor de tu frontera...
Si acaso las nubes violetas,
se escapan formando mis huesos ...
será que estoy atado a tu frontera...
¿Por qué tu corazón brilló sin parar,
luego se detuvo al fin?
¿Por qué las estrellas giran,
brillan y luego explotan?
Y es que vas a saber por fin,
como se desmoronó...
tu condición,
de ser,
impecable,
Vas a saber por fin...
como se constituyó,
tu corazón,
creador,
de páramos...
¿Y cómo es que no quieres ver
a los hombres en su lucha cruel,
y además contener la ira del mar?
¿Cuando entenderás
que así respira tu ambición tan loca?
Y es que vas a saber por fin,
como evolucionó,
tu sociedad,
tu bien, tu pompa...
Vas a mirar por fin,
como se capacitó
tu corazón,
creador de páramos...
Y vas a saber por fin,
como evolucionó tu corazón...
y es que vas saber por fin,
como se capacitó,
tu corazón creador de páramos...
Vas a salir a ver tu bolita de cristal,
y así pulir y redondear tu idea...

Letra y Música: Luis A. Spinetta
Imagen: 
"Mi mujer desnuda contemplando su propio cuerpo convirtiéndose en escalera, tres vértebras de una columna, cielo y arquitectura" (Salvador Dalí)



domingo, 24 de mayo de 2009

Al despertar, Cassandra...


Fotografía: Jeanny Bagert



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Estas líneas tienen como experiencia perceptual al concierto del día 20 de mayo en el Teatro Gran Rex.

Luego de la visita de Ornette Coleman, a quien no pude escuchar, lo que hizo que me quedara masticando bronca durante algunos días, no quise sufrir otro desencuentro, esta vez con la inmensa Caassandra Wilson.

La crítica sobre el show, el funcionamiento técnico y profesional, no es algo que tenga ganas de recuperar o de lo que quiera hablar en estas pocas líneas, de ello seguramente se ocuparán los críticos. Solo diré al respecto que habiendo leído algunas de las críticas posteriores al concierto, debo decir que no coincidí del todo con ellas.El show comenzó con la participación de todos los músicos, excepto Cassandra, en una sesión bastante free, pero por free no menos desacoplada, dificultad que se hizo más evidente al momento de recibir a Cassandra con sus primeras sílabas. Los desajustes fueron desapareciendo, con el correr del show.


Lo que me importa rescatar es la experiencia perceptual de escuchar cantar a alguien fuera de serie, en el más estricto sentido de esta frase.
Lamentablemente uno se sienta, se acomoda, se apoltrona y se relaja frente a Cassandra sin la indicación previa de
purgar sus oídos de la contaminación auditiva y sonora que nos provee la ciudad de Buenos Aires.
Habituados a que algún virtuosismo se abra paso por las telas de arañas tejidas por la urbe en nuestros oídos y nos despabile, la experiencia con Cassandra Wilson requiere de otra cosa, de otra preparación para el disfrute.
Con esto no quiero decir que sea solo para algunos escuchar a Cassandra, todo lo contrario, lejos estoy de plantear algún tipo de elitismo y esnobismo frente a ella. De hecho ni siquiera pienso, en estas líneas, en las
competencias músico-culturales para el disfrute. Solo planteo que deberíamos poder purgar nuestra contaminación y hacer de cuenta que volvemos a escuchar las pronunciaciones más sencillas y fáciles como las más bellas.
Despertar y encontrar a Cassandra cantando en nuestras cocinas mientras nos prepara un desayuno es lo más cercano que se me ocurre para intentar familiarizarnos con lo que Cassandra ofrece sobre un escenario. Un desayuno con amor, mucho sentimiento y swing, con la ausencia de bedetismos innecesarios, así produce su manifestación artística la bella dama nacida en Mississippi
Es un modelo de escucha, el que requiere esta cantante, al que nos hemos desacostumbrado, y el que es difícil de alcanzar a las diez de la noche, al comenzar el concierto. Está de más decir que esta falta de hábito (y deshabito) atenta contra el disfrute de una cantante como Cassandra Wilson y de muchas otras manifestaciones musicales, sonoras y teatrales.

Solo espero que nuestra contaminación sonora se purgue y el despertar se extienda sobre las horas de nuestros días.

S.Ch.

Cassandra Willson, voz
Marvin Sewell, guitrras
Herlin Riley, batería
Lekan Babalola, percusión
Jonathan Batiste, piano

Algunos discos:
Traveling Miles
Belly Of The Sun
Glamoured
Thunderbird
www.cassandrawilson.com